Doctora corazón, cuéntame tus penas.
Hoy mientras hacia mi caminata matutina en el parque, meditaba sobre las cosas que me pasaron ayer y me sorprendió llegar a la conclusión de que a veces me siento como si tuviera un letrero en el pecho que anuncie: Doctora corazón, cuéntame tus penas. Llevo 20 años trabajando de maestra. He enseñado en Puerto Rico, La Republica Dominicana, Rochester, NY, Miami, FL y ahora enseño en Spring, Texas. Las edades de mis estudiantes fluctúan entre los 15 a los 55 años, pues enseño en escuela secundaria y en la universidad. En fin he conocido personas de todos los tamaños y colores. El fenómeno siempre es el mismo, mis estudiantes se acercan a mí y me piden ayuda, claro que siempre contesto con una sonrisa y un poco de curiosidad: “en que te puedo ayudar”. Olvide mencionar antes que soy maestra de español. Y cuando pienso que me van a pedir ayuda porque no entienden el subjuntivo o quizás el tiempo futuro, me sorprenden con un: “necesito un consejo”.
Por eso me pregunto si tengo un letrero que diga: Doctora corazón, cuéntame tus penas. Ayer en mi clase de la universidad, termine de explicar los verbos reflexivos y vi un estudiante con cara de circunstancia. Estoy acostumbrad a esas caras cuando explico los reflexivos, especialmente si tienes que añadir los famosos pronombres. El chico se acerco a mí y me pidió hablar en privado, le sonreí y le dije si salgamos al pasillo. Para mis adentros pensé, es tímido y no quiere hablar delante de los demás. Entonces el chico abrió su boca y dijo: Es que necesito un consejo, usted sabe se trata de mi ex… Me quede muy sorprendida, quería mirar mi pecho y ver si tenía el letreo, pero lo mire con atención, lo escuche le dije lo que se me ocurrió en el momento sin ser muy personal y el sonrió, me dio las gracias y volvimos a clase.
No es la primera vez que esto me sucede, volviendo a mi caminata en el parque y la meditación de los acontecimientos del día anterior( ya se, mi vida no es tan interesante) llegue a la conclusión de que en este mundo lleno de tecnología y avances, en este mundo en el cual vivimos a la carrera y en busca de una mejor vida, en este mundo donde nos consumimos en metas e ideales, donde se busca brillar y vivir rodeado de comodidades, lo que los seres humanos más necesitan es ser escuchados. Ser maestra no es solo enseñar, es escuchar, comprender, tolerar, adivinar, proveer y cuando menos te los esperas aconsejar.
Así que seguiré con mi invisible letrero: Doctora corazón, cuéntame tus penas.



